Curazao es un pequeño trozo de tierra al sur del Caribe, al que los colonos españoles bautizaron como ‘La isla inútil’. Tras pasar también por manos de los ingleses, se convirtió más adelante en uno de los territorios de ultramar de Países Bajos. En 2010 consiguió su independencia administrativa, aunque su pasaporte goza de los mismos beneficios que el de la Unión Europea y su gobernador es el Rey Guillermo.

Ahora escribió una página inédita: luego de más de 100 minutos de sufrimiento, empató con Jamaica y clasificó a la fase final del próximo Mundial de fútbol. De esta manera, con tan solo 153.000 habitantes se ha convertido en el país más pequeño del mundo en acudir a la máxima fiesta del fútbol.
También, por qué no decirlo, la suerte estuvo de su lado. Dos palos y un penal anulado impidieron que los jamaiquinos hicieran el gol que los clasificaba. Finalmente, el 0-0 se mantuvo y desató la alegría curazaleña.
Todos los jugadores de Curazao son nacidos en Europa, pero tienen raíces curazaleñas. Parecía imposible, pero lograron la clasificación.
Haití, sin localía
El segundo «milagro futbolístico» de ayer lo protagonizó la empobrecida Haití que, contra todo pronóstico, venció 2-0 a Nicaragua en la última jornada de las Eliminatorias de Concacaf. El equipo haitiano, dirigido por el francés Sébastien Migné, volverá a jugar un Mundial después de 52 años, ya que su única participación fue en Alemania Federal 1974.
Louicius Deedson, en el minuto 9, y Ruben Providence, en el 45, fueron los autores de los goles con los que el conjunto caribeño aseguró su plaza para el Mundial.
Haití, sumida desde hace años en una severa crisis, logró su clasificación justamente cuando el país celebra el 222 aniversario de la batalla de Vertières, que definió la independencia de la isla de Francia, por lo que el juego fue tildado de «batalla decisiva» por la Federación Haitiana de Fútbol (FHF).
Haití coronó con éxito una atípica campaña en la que no jugó en su país. El partido se disputó en el estadio Ergilio Sato, en Curazao, donde el conjunto haitiano ejerció de local debido a la imposibilidad de utilizar su campo a causa de la crisis social que sufre el país. Desde febrero de 2024, el principal estadio de fútbol del país, el Stade Sylvio Cator, está abandonado y bajo el dominio de las bandas armadas, que controlan al menos el 90 % la región metropolitana de Puerto Príncipe.