En un aula de Chicago, el aprendizaje tomó un sentido especial. Una maestra decidió incorporar el Salmo 23 a sus actividades con niños de entre 5 y 6 años, utilizando recursos adaptados a su edad para que pudieran comprender y recordar sus palabras.
Entre juegos, repeticiones y dinámicas sencillas, los pequeños fueron familiarizándose con uno de los pasajes más conocidos de la Biblia: “El Señor es mi pastor, nada me faltará”.
La iniciativa rápidamente llamó la atención en redes sociales, donde muchos destacaron la particular manera en que la docente combina educación, memoria y valores dentro del aula.
Más allá de aprender un texto de memoria, la propuesta busca que los niños puedan acercarse desde temprana edad a un mensaje relacionado con la confianza, el cuidado y la esperanza.
Para quienes comparten la fe cristiana, enseñar la Palabra de Dios durante la infancia puede dejar una semilla que acompañe a una persona durante distintas etapas de su vida. En ese sentido, Proverbios 22:6 recuerda: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.
Una escena sencilla, pero cargada de significado: enseñar a los más pequeños con paciencia, cariño y dedicación, dejando conocimientos y valores que puedan permanecer mucho más allá del salón de clases.
