La prisión se convirtió en un escenario inesperado para el evangelio. Cristianos detenidos en Yemen permanecen firmes en su fe y aprovechan cada oportunidad para hablar de Jesús con otros internos, pese a las restricciones y los riesgos que enfrentan.
Uno de ellos es Mahfouz, quien pasó tres años encarcelado debido a sus creencias. Lejos de considerar ese tiempo como perdido, lo recuerda como una etapa especialmente significativa de su ministerio. Incluso cuando estaba a punto de recuperar la libertad, pidió quedarse unas horas más para poder conversar con otro prisionero acerca de Cristo.

La situación de la comunidad cristiana en Yemen se volvió especialmente delicada durante una ofensiva registrada este año. Más de 60 creyentes fueron secuestrados o privados de su libertad, principalmente en el norte del país. Algunos fueron llevados ante la mirada de sus propias familias y vecinos.
Detrás de cada encarcelamiento también queda una familia que debe enfrentar las consecuencias. Muchas esposas han tenido que asumir solas el cuidado de sus hijos, sostener económicamente sus hogares y buscar ayuda legal mientras sus esposos continúan detenidos.
Sin embargo, aquello que buscaba convertirse en una herramienta para silenciar su fe terminó abriendo nuevas oportunidades para compartir el evangelio. Desde las celdas, estos creyentes siguen hablando de Jesús y llevando esperanza a quienes también se encuentran tras las rejas.