La detención de Son se originó por una presunta infracción a la ley electoral. ¿Su «delito»? Entrevistar a un candidato a la superintendencia escolar que defendía principios bíblicos, en oposición a la agenda oficialista que promueve políticas LGBTQ en las escuelas.
Sin embargo, el pastor asegura que su lucha va más allá de una elección: «Si hay discursos religiosos relacionados con la política, el gobierno busca la facultad de disolver iglesias y confiscar sus activos sin orden judicial. Estamos ante una persecución encubierta», afirmó Son a CBN News.
EL «SANTUARIO» TRAS LAS REJAS
Lejos de amedrentarse, Son convirtió su celda en un centro de evangelización, logrando que 85 reclusos se acercaran a la fe. «Cada domingo no parecía una prisión, sino un santuario», relata el pastor, quien incluso escribió un libro en tiempo récord durante su encierro. Su firmeza fue tal que evitó mirar a sus nietos durante las audiencias para «no debilitar su corazón» en una batalla que considera espiritual y nacional.
DIPLOMACIA Y PRESIÓN DESDE WASHINGTON
El caso alcanzó dimensiones internacionales cuando los hijos del pastor fueron recibidos en la Casa Blanca. Esta gestión coincidió con la visita del primer ministro coreano al entonces vicepresidente de EE. UU., Mike Pence (la primera en 41 años), donde el nombre de Hyun-bo Son estuvo sobre la mesa. La presencia de funcionarios del Consulado estadounidense en el juicio sugiere que la presión internacional fue clave para su liberación.
UNA ADVERTENCIA PARA EL FUTURO
Para el congresista Lee Jong-Wook, la interferencia estatal en la conciencia religiosa es injustificable. Mientras tanto, Son insta a otros líderes a no temer a la cárcel: «La República de Corea es libre gracias al sacrificio de misioneros y soldados. No podemos permitir que ideologías contrarias a los valores bíblicos hereden nuestra nación».














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