Durante su disertación, el secretario de Estado reconoció el poder histórico de la educación como “motor para el desarrollo” y principal vehículo de movilidad social. Recordó cómo, a partir de la primera revolución industrial, la educación dejó de ser un privilegio “exclusivo de reyes y emperadores” para convertirse en una herramienta popular, que permitió a personas “nacidas en la chacra terminar siendo dueños de una industria”
Sin embargo, advirtió que el mundo actual avanza a una velocidad tal que “lo que ocurre va más rápido de lo que la escuela puede resolver”. Es en esta encrucijada donde, afirmó, “la educación no da igual”.
EL PELIGRO DEL CONOCIMIENTO SIN FARO
El orador insistió en que el conocimiento desprovisto de un “faro orientador” es, en el mejor de los casos, inútil y, en el peor, destructivo. “La educación se junta con la religión”, explicó, “y el aporte de la religión puede llegar a ser trascendente cuando compartimos los principios”. Sobre el punto, hizo una distinción clave entre principios y valores: los principios son el origen, los “vectores” fundamentales e innegociables, mientras que los valores son las acciones que derivan de ellos.
Añadió que un principio en el que todas las religiones del mundo están de acuerdo es la vida. “A partir del principio vida viene el respeto a la vida. ¿Qué sería del valor ‘respeto’ sin ese faro orientador del cuidado de la vida?», se preguntó.
De la misma manera, ante el flagelo de la corrupción, señaló que el principio rector es la “honestidad”. Afirmó que “no es lo mismo construir una sociedad sin ese principio”. Citó también la justicia y la solidaridad como otros “vectores” esenciales que las instituciones, como las escuelas evangélicas, aportan al debate educativo, resultando en “escuelas con principios”.
LA PARADOJA DE 2050: SIN CÁNCER, PERO CON DEPRESIÓN
La urgencia de esta refundación ética, según el orador, no es filosófica, sino existencial. Presentó una visión paradójica del futuro cercano: “Estamos viviendo probablemente la época más linda del desarrollo humano. La previsión es que para el 2045 o 2050, nadie en el mundo pueda fallecer por una enfermedad. No hay cáncer, las enfermedades van a ser curadas”.
Pero lanzó una advertencia sombría: “Hay una (enfermedad) que se va a mantener. Hay una que va a crecer: la depresión. No podemos educar como si esto no existiese”, advirtió. El ministro conectó directamente esta futura crisis de salud mental con la falta de fundamentos en la educación. “Cuando una persona pierde la vida por suicidarse, la psicología establece que perdió el sentido de la vida. Y una vida se pierde o deja de tener sentido cuando no tiene principios”, recalcó.
EL ERROR DE LA EDUCACIÓN INDUSTRIAL: PRIORIZAR EL «TENER» SOBRE EL «SER»
El diagnóstico del problema se centró en un error de prioridades heredado del modelo industrial: la obsesión por el “Tener”. “Esa educación industrial se preocupó y puso en primer lugar el ‘tener’”, criticó. “Construimos una sociedad en la que le enseñamos a nuestros hijos a ‘tener’. Y no está mal… tengo que tener mi casa, mi auto, mi familia. Y para tener todo eso hago cosas. Viene el ‘hacer’”, expresó.
Alertó que la dificultad surge “cuando yo soy lo que tengo”. Usó como ejemplo la distorsión de la identidad: “Yo soy el ministro de educación. No le saludo a todos, miro por encima, porque yo soy lo que tengo: un cargo”.
Afirmó que este enfoque, donde el “tener” está por delante del “ser”, sumerge a la sociedad en una “vorágine de ansiedad”. “Cuando un niño no puede tener un celular, se suicida”, lamentó, “porque está construido como esa casa sobre la arena”, enfatizó.
LA MISIÓN: DEVOLVER EL “SER” AL CENTRO DE LA EDUCACIÓN
El desafío colectivo, concluyó el orador, es “devolverle a la educación esa dinámica del desarrollo humano, poniendo primero el ‘ser’”. Propuso una nueva jerarquía para el desarrollo: si el “ser” (la identidad, los principios y valores) orienta al “hacer” (las acciones, el trabajo), el resultado es un “obtener” que “es una acción colectiva”. “Obtenemos el desarrollo. Crecemos juntos”, afirmó.
Este “gran desarrollo” para naciones como Paraguay, insistió, “va a venir de la mano del ‘ser’”. El llamado final fue a construir “escuelas paraguayas que tengan principios, escuelas que privilegien la vida, escuelas que le ayuden a nuestros niños a no suicidarse” y a resolver sus problemas cotidianos “desde ese potencial que todos tenemos para ser humanos”.














Dejá tu comentario