La labor es impulsada por el ministerio Iglesia en la Cárcel, perteneciente a la Iglesia Generación de Vida de Ciudad del Este, cuyo equipo de capellanía ingresa al penal cada sábado para acompañar a entre 40 y 50 internas. Allí comparten enseñanzas bíblicas, celebran la Santa Cena, brindan merienda y, sobre todo, ofrecen espacios de escucha, oración y ministración por las necesidades espirituales y emocionales de las mujeres privadas de libertad.
Para muchas de las internas, este acompañamiento representa un sostén fundamental en su proceso de reconstrucción personal. Los voluntarios describen historias de transformación que comienzan con un simple momento de oración y, con el tiempo, se traducen en cambios visibles de conducta, reconciliación con sus familias e incluso proyectos de vida para después de la condena.
El bautismo de las 26 mujeres fue celebrado con cantos, testimonios y lágrimas. Autoridades penitenciarias destacaron que actividades como esta contribuyen a mejorar el clima dentro del penal y fortalecen los programas de reinserción social. Mientras tanto, los líderes del ministerio reafirmaron su compromiso de seguir caminando junto a estas mujeres, recordando que “la fe y la dignidad no conocen rejas”.
La ceremonia dejó al descubierto una realidad que a menudo queda fuera del foco público: la Iglesia evangélica continúa desarrollando una obra profunda y sostenida en las cárceles del país, sembrando esperanza donde más escasea y construyendo, paciente y silenciosamente, segundas oportunidades.
