El adiós más triste… y el gracias más grande

El sueño mundialista llegó a su fin, pero el camino recorrido dejó una huella imborrable. La Albirroja volvió a despertar el sentimiento de millones de paraguayos y recordó al mundo quién es Paraguay.

La derrota siempre duele. Nadie entra a una competencia pensando en despedirse antes de tiempo y mucho menos cuando se trata de un Mundial. Después de aquella caída frente a Estados Unidos, muchos ya daban por terminada la historia. Algunos incluso aseguraban que Paraguay había llegado solo para cumplir y que el regreso a casa era cuestión de tiempo.

Pero esta Selección Paraguaya demostró que nunca hay que dar por vencido a un equipo que lleva la garra guaraní en el corazón.

Con el liderazgo de Gustavo Alfaro y el trabajo silencioso de todo su cuerpo técnico, el equipo recuperó algo que parecía perdido, la memoria futbolística de Paraguay. Desde el segundo partido, la Albirroja recordó por qué estaba en la Copa del Mundo y por quiénes luchaba en cada pelota.

La selección paraguaya unió a todo un país , incluyendo a muchos que están en condiciones vulnerables para fundirnos en un abrazo, olvidar lo cotidiano y darle a todos un respiro de alegría en su día a día.»

Durante años buscamos jugar un fútbol más vistoso, intentando parecernos a otros. Sin embargo, en ese camino fuimos dejando de lado lo que siempre nos hizo diferentes: la entrega, el sacrificio, la actitud y esa rebeldía que caracteriza al futbolista paraguayo.

Hacía mucho tiempo que Paraguay no vivía un ambiente mundialista como este. Hacía mucho tiempo que no sentíamos ese orgullo de ver a nuestra bandera competir entre las mejores selecciones del mundo. Y, lo más importante, recuperamos el respeto internacional que tanto costó construir.

Este no es un punto final. Es el comienzo de una nueva etapa. Muchos de estos futbolistas seguirán creciendo, otros tomarán la posta y todos tendrán una nueva misión, prepararse para la gran batalla del Mundial 2030.

Hoy no levantamos la Copa del Mundo, pero levantamos algo igual de valioso, la esperanza de todo un país.

¡Gracias, Albirroja! Gracias por devolvernos el orgullo de ser Paraguay.

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