Estudiantes de la carrera de Ingeniería Aeronáutica de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción (FPUNA) marcaron un hito en diciembre pasado al participar en São Paulo, Brasil, en la competencia internacional Latin American Space Challenge (LASC), donde su cohete experimental logró superar la velocidad del sonido.
El proyecto fue liderado por Kanazawa (también ex presidente de la DINAC), entonces director de la carrera, quien definía la competencia como “un desafío integral de ingeniería, desde el diseño hasta la construcción y recuperación de un cohete experimental”. Su liderazgo técnico y humano fue clave para que 18 estudiantes asumieran el reto con disciplina y entrega.
El cohete “Arasunu I”, de 1,25 metros de altura y 4 kilogramos de peso, fue concebido desde cero por el equipo: diseño estructural, selección de materiales como aluminio, fabricación, integración de motor, aletas, sistemas electrónicos y paracaídas. De acuerdo con los antecedentes, durante cinco meses, los estudiantes trabajaron entre 12 y 18 horas diarias para concretar el ambicioso objetivo.
Las proyecciones técnicas indicaban que el aparato alcanzaría unos 740 km/h, logrando su apogeo a 1.000 metros de altura en apenas ocho segundos. Equipado con dos paracaídas —uno estabilizador y otro principal para un descenso controlado—, el cohete incorporó además un Cansat, un dispositivo del tamaño de una lata de refresco diseñado para recolectar datos atmosféricos como temperatura, viento y humedad.
Kanazawa destacaba que se trataba de un proyecto ambicioso, ajustado a parámetros internacionales utilizados por agencias y programas aeroespaciales de referencia mundial. Más que una competencia, era una oportunidad para demostrar que Paraguay puede insertarse en el ámbito de la ingeniería experimental con estándares de excelencia.
El desarrollo integral demandó una inversión aproximada de G. 7.000.000, monto cubierto por estudiantes y docentes ante la falta de financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Ese esfuerzo compartido también habla del espíritu que Kanazawa supo sembrar: creer en el talento nacional incluso cuando los recursos escasean.
Hoy, el vuelo del Arasunu I adquiere un significado aún más profundo. No solo simboliza un avance científico inédito para el país, sino también el legado de un ingeniero que apostó por la formación de jóvenes profesionales, la innovación y el sueño de ver a Paraguay conquistar nuevos cielos.














Dejá tu comentario