Tecnología al servicio de la biodiversidad: el Chaco paraguayo ensaya una convivencia sostenible con el Corredor Bioceánico

En un hito para la gestión ambiental vial en Paraguay, el MOPC y WWF Paraguay implementan un monitoreo permanente con cámaras trampa en la ruta PY15. La iniciativa evalúa la efectividad de los pasos de fauna frente a la fragmentación del ecosistema y genera evidencia científica para sentar un nuevo estándar en el diseño de infraestructura pública.

La expansión de la infraestructura vial sobre ecosistemas frágiles impone un desafío urgente: garantizar el crecimiento económico sin dinamitar la riqueza natural del territorio. En el corazón del Gran Chaco, el Corredor Vial Bioceánico (ruta PY15) —una megaobra de 220 kilómetros proyectada para articular el comercio entre el Atlántico y el Pacífico— se ha convertido en el escenario de una experiencia ambiental inédita en el país.

Para mitigar los efectos colaterales de la calzada, la obra incorporó pasos de fauna estratégicamente distribuidos a lo largo del trazado. Sin embargo, la innovación trasciende la construcción física: por primera vez, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) y WWF Paraguay ejecutan un monitoreo permanente con tecnología de cámaras trampa para evaluar en tiempo real el uso efectivo de estas estructuras.

MONITOREO CIENTÍFICO EN EL MONTE

La herramienta clave de esta estrategia reside en la instalación de cámaras fotográficas de foto trampeo en el entorno boscoso y en los accesos a los pasos bajo nivel. Según explicó el consultor Diego Varela, estos dispositivos permiten construir un mapa comparativo: identifican la diversidad de fauna presente en la zona y constatan con precisión qué especies se aventuran a utilizar las estructuras diseñadas para el cruce.

Los registros iniciales ya aportan evidencia concreta. María Inés Bogado, especialista de WWF Paraguay, confirmó que ejemplares de gran porte como el tapir y el tatú carreta ya transitan habitualmente por los pasadizos. Esta información resulta crucial para validar si las obras están cumpliendo su doble propósito: resguardar a los animales silvestres y prevenir siniestros viales que pongan en peligro a los automovilistas.

FRENAR LA FRAGMENTACIÓN TERRITORIAL

La necesidad de estas intervenciones responde a uno de los impactos más severos que genera el asfalto: la fragmentación del paisaje. Al respecto, Carlos Molinas, técnico de WWF Paraguay, advirtió que «lo primero que hace una ruta es partir el paisaje en dos mitades, una de cada lado de la ruta». Esta brecha artificial interrumpe los corredores biológicos naturales, aísla a las poblaciones de fauna y multiplica el riesgo de atropellamientos.

Los datos reunidos durante este proceso no quedarán estancados en el informe de un tramo específico. Las técnicas del MOPC Laura Leiva y Lucía Vera coincidieron en que la información de campo permitirá ajustar las tareas de mantenimiento del propio corredor e innovar desde las fases preliminares en los futuros proyectos viales del país, integrando la variable ambiental como un eje estructural del diseño.

En palabras de Bogado, la experiencia constituye «información valiosa para la toma de decisiones en armonía con la conservación». El trabajo conjunto entre el sector público y las organizaciones ambientales marca un precedente técnico en Paraguay, demostrando que la planificación territorial puede ser, al mismo tiempo, un motor de conectividad regional y un garante de la biodiversidad local.

 

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