Así lo afirmó a RCC Radio este viernes el viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, al detallar los avances y desafíos de la política energética que se avecina, con eje en la integración regional, el gas natural como energía de transición y la apertura al capital privado.
Uno de los proyectos emblemáticos es el Gasoducto Bioceánico del Chaco, que avanza en su etapa técnica y normativa con Argentina y Brasil. Bejarano señaló que ya existe un cronograma de trabajo acordado con autoridades argentinas y que, en paralelo, Paraguay participa del grupo MERCOSUR + Chile, coordinado por la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y financiado por la CAF, para armonizar normativas y adecuarlas a estándares internacionales.
En este contexto, Paraguay ejerce la presidencia pro tempore del MERCOSUR, impulsando como bandera la integración energética regional, tanto en gas como en electricidad. “Hay consenso político y técnico; ahora el desafío es avanzar en lo jurídico y en el diálogo con los actores privados que harán viable el proyecto”, afirmó.
El viceministro subrayó que el trazado paraguayo por el Chaco tiene ventajas competitivas claras frente a otras alternativas, y que la creciente demanda de gas —especialmente en Brasil— abre una ventana única. Actualmente, el país vecino consume unos 70 millones de metros cúbicos diarios, de los cuales el 60% se destina a la industria, un segmento que Paraguay busca atraer mediante ventajas logísticas, estabilidad macroeconómica y costos competitivos.
Bejarano advirtió que el consumo eléctrico interno creció 18% en el último año, un dato que obliga a planificar con rapidez. Si bien reconoció que hacia el período 2030–2031 se presentarán mayores exigencias sobre la potencia disponible, insistió en que el escenario debe leerse como una oportunidad y no como una crisis.
Entre las acciones concretas, anunció la inminente reglamentación de la Ley de Pequeñas Centrales Hidroeléctricas, así como de la Ley de Fomento de Energías Renovables, lo que permitirá destrabar licitaciones largamente postergadas, como la de 140 megavatios en el Chaco Central. Este proceso marcará un hito: será la primera vez que la ANDE compre energía alternativa no hídrica al sector privado.
El objetivo es crear un marco normativo moderno y atractivo que permita inversiones privadas sin afectar al ciudadano ni a la empresa estatal, en un contexto donde las nuevas fuentes energéticas tienden a ser más costosas. Paraguay necesitará incorporar entre 300 y 400 megavatios por año, un desafío que exige reglas claras, previsibilidad y agilidad institucional.
Además del gas y las renovables, el Gobierno analiza proyectos estructurales como Aña Cuá, obras complementarias en Yacyretá, la posible reactivación de Itacorá y Corpus Christi, y el impulso al autoconsumo, la cogeneración industrial y la exportación de energía.
“Queremos utilizar todos nuestros recursos naturales disponibles y prepararnos para el futuro. No hablamos de crisis, hablamos de una enorme oportunidad para transformar el sector eléctrico nacional”, concluyó Bejarano.
