Los cristianos en Sudán, atrapados entre dos fuegos en una guerra que no da tregua

La guerra que desgarra Sudán desde abril de 2023 no solo ha convertido al país en uno de los escenarios más violentos del mundo: también ha transformado la vida de los cristianos en un infierno silencioso. En medio del enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), comandadas por Abdel Fattah al-Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo (Hemedti), esta minoría religiosa se encuentra desprotegida, perseguida y deliberadamente atacada.

Según la página web de “Puertas Abiertas”, una organización cristiana evangélica internacional que ayuda a los perseguidos, aunque todos los civiles sufren la devastación, las comunidades cristianas llevan la peor parte. En varias regiones, especialmente en Darfur y Kordofán, han sido blanco de asesinatos, saqueos y desplazamientos forzados. Líderes locales denuncian que tanto las SAF como las RSF sostienen ideologías islamistas radicales que no toleran la presencia cristiana y los consideran una amenaza “indeseada”.

En El Fasher, una de las zonas más golpeadas, organizaciones de derechos humanos documentaron más de dos mil ejecuciones atribuidas a las RSF. Investigadores de la Universidad de Yale alertaron sobre la aparición de más de 60 fosas comunes en apenas dos semanas, describiendo los hechos como “crímenes de guerra” que deben ser investigados sin dilación.

Las restricciones en la movilidad impiden que la ayuda humanitaria llegue a los civiles dentro de Sudán.

La magnitud de la catástrofe humanitaria es inmensa: más de 150.000 muertos, 10 millones de desplazados internos y otros 4 millones buscando refugio fuera de Sudán. La mayoría de los cristianos que permanecen en el país vive ocultándose, sin templos seguros y en condiciones extremas de hambre y desamparo. Las organizaciones humanitarias enfrentan obstáculos severos para distribuir alimentos y medicinas debido a los constantes ataques, saqueos y bloqueos.

El conflicto, que estalló tras la ruptura del proceso de transición política en 2021, ha dividido al país en zonas de control militar. Las SAF dominan el norte y el este, incluyendo Puerto Sudán y parte de Jartum, hoy reducida a ruinas. Las RSF, herederas de la milicia Janjaweed, controlan casi toda la región de Darfur y avanzan hacia otras provincias estratégicas, aumentando el temor de una eventual partición del país.

Los intentos internacionales de mediación han sido insuficientes. El Cuarteto —Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos— encabeza las gestiones de paz, aunque este último enfrenta acusaciones por presuntamente abastecer de armas a las RSF. Fuentes locales advierten que sin detener el flujo externo de apoyo militar, la guerra seguirá escalando.

Iglesias fueron destruidas durante los conflictos en Sudán.

En este contexto, los cristianos dependen casi exclusivamente de redes de ayuda como Puertas Abiertas, que distribuye alimentos básicos, kits de higiene y asistencia de emergencia. Desde 2023, la organización ha atendido más de 12.000 pedidos de apoyo de familias cristianas en riesgo.

Los líderes cristianos sudaneses piden a la comunidad internacional una respuesta urgente y coordinada: detener el suministro de armas, presionar a las partes del conflicto y garantizar corredores humanitarios. Para ellos, la paz no llegará mientras la minoría cristiana siga siendo invisibilizada en una guerra donde su vida vale aún menos que la frágil estabilidad del país.

Salir de la versión móvil