El doctor Christian Ibarra, director del Hospital Regional de Mariscal Estigarribia, confirmó que el centro no cuenta con un urólogo desde hace dos años, cuando el último profesional que ejercía en la zona solicitó traslado a Asunción por razones familiares. Al ser un funcionario nombrado con varios años de antigüedad, se llevó también su rubro, lo que dejó aún más complicada la reposición del cargo.
Desde entonces, los hospitales públicos solo pueden ofrecer controles preliminares, como estudios de PSA –para detectar hiperplasia prostática– y ecografías de próstata, disponibles algunos días de manera quincenal. Sin embargo, la atención especializada, diagnósticos complejos y cirugías no pueden realizarse.
“No tenemos urólogo en la institución, y cuando los pacientes llegan, muchas veces ya están en cuadros agudos, con obstrucción urinaria. Solo podemos sondarlos y derivarlos”, explicó el médico.
La falta de especialistas se debe principalmente a la ausencia de incentivos diferenciales. Los médicos que trabajan en Asunción y los que deberían trasladarse al Chaco cobran exactamente lo mismo, sin un plus por distancia o por trabajar en una zona con condiciones más exigentes.
“Eso hace que los colegas prefieran quedarse en la capital. Dicen que acá no les compensa, porque ganan igual y tienen menos facilidades”, señaló Ibarra.
El Ministerio de Salud, según comentó, ha intentado ofrecer el cargo, pero sin éxito. Incluso se propuso replicar el mismo modelo utilizado en hospitales privados de las colonias menonitas, donde los urólogos llegan una vez al mes para atender consultas y programar cirugías. Sin embargo, tampoco hubo profesionales dispuestos a venir aunque sea por un día.
Mientras tanto, los pacientes del Chaco deben optar entre viajar cientos de kilómetros hasta Asunción o recurrir a los servicios privados, donde la demanda es alta y la disponibilidad limitada.
“Es un problema serio porque la gente no consulta a tiempo. Recién vienen cuando están con mucho dolor o cuando ya no pueden orinar. Ahí recién se detectan patologías que pudieron tratarse antes”, lamentó.
Aunque el hospital logró avances en otras áreas, como la contratación de un cardiólogo que atiende semanalmente y la reciente adquisición de un ecocardiógrafo de última generación, la ausencia de un urólogo sigue siendo una deuda importante para la región.
La situación expone una realidad preocupante: el Chaco sigue creciendo en población, pero no en especialistas, y las distancias hacen que cada carencia pese más. Hasta que no exista un incentivo real o una política específica para atraer a estos profesionales, los hospitales públicos del Chaco continuarán sin un servicio de urología, dejando a miles de pacientes sin la atención que necesitan.
