En cuanto a la convivencia, la brecha entre la formalidad legal y el compromiso de hecho es estrecha: Casados: Un 29% mantiene el vínculo matrimonial legal. Unidos (Concubinato): Un 25% opta por la convivencia o unión de hecho sin formalización jurídica.
Sumados, ambos grupos demuestran que la vida en pareja sigue siendo un pilar para el 54% de la población adulta, evidenciando que la convivencia sigue siendo el modelo de hogar predominante en el territorio nacional.
EDADES Y GÉNERO: ¿QUIÉNES DAN EL PASO?
El director del INE, Iván Ojeda, destacó una diferencia generacional y de género al momento de formalizar las uniones. Los hombres tienden a casarse a una edad más madura, con un promedio de entre 25 y 36 años. Por su parte, las mujeres suelen dar el «sí» en un rango etario más joven, concentrándose mayoritariamente entre los 25 y los 30 años.
Esta diferencia de edad en las parejas es un rasgo cultural que persiste en las estadísticas y que influye en la planificación familiar y el crecimiento demográfico del país.
Uno de los hallazgos más interesantes de la estadística tiene que ver con la estacionalidad del amor. Aunque febrero es el mes del romanticismo por el calendario, diciembre es el mes donde más matrimonios se registran legalmente.
Este pico de bodas responde a una combinación de factores estratégicos: La inyección de liquidez por el cobro de aguinaldos y gratificaciones facilita el financiamiento de las celebraciones. El inicio del verano y las vacaciones propician los eventos sociales y los viajes de luna de miel. Las fiestas de fin de año facilitan el encuentro de parientes que viven en el exterior o en el interior del país, convirtiendo las bodas en eventos de reencuentro masivo.
SEPARACIONES Y DIVORCIOS: CIFRAS MARGINALES
Finalmente, los datos revelan una baja incidencia de rupturas formalizadas. Los viudos representan un 4,6%, mientras que los separados alcanzan el 3,8%. El dato más bajo lo ostentan los divorciados, quienes no llegan siquiera al 1% de la población general. Este bajo porcentaje de divorcio suele atribuirse tanto a factores culturales como a la complejidad y los costos de los procesos judiciales en el país.














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