Tras la accidentada edición de 2024 en Estados Unidos, marcada por cuestionamientos logísticos y de seguridad, la Conmebol busca garantizar una sede que devuelva al torneo su esencia deportiva y organizativa. Domínguez explicó que la decisión final recaerá sobre el Consejo, pero calificó la posibilidad ecuatoriana como una alternativa muy interesante para el futuro del fútbol regional.
La postura desde la Federación Ecuatoriana de Fútbol es de cautela y realismo. Su presidente, Francisco Egas, reconoció que, si bien la ambición existe, las exigencias actuales de infraestructura y logística son infinitamente superiores a las de 1993, año en que el país organizó el torneo por última vez. Egas subrayó que el país debería emprender un trabajo profundo de modernización para estar a la altura de lo que hoy representa una Copa América.
La reunión en Quito contó además con la presencia de Gianni Infantino, titular de la FIFA, quien junto a Domínguez y Egas mantuvo un encuentro privado con el presidente de la República de Ecuador, Daniel Noboa. Esta visita al Palacio de Carondelet refuerza el respaldo político necesario para cualquier candidatura de esta magnitud, aunque los directivos coinciden en que los tiempos de preparación serán determinantes para definir si el país está listo para 2028 o si el objetivo debería apuntar hacia el 2032.
Mientras el debate continúa en los despachos, la Conmebol prioriza tomar una decisión que beneficie al espectáculo y la seguridad de los aficionados. Ecuador se presenta como un candidato con historia y pasión, pero consciente de que el camino para volver a recibir a las estrellas del continente requiere una transformación estructural a corto plazo.
