Perdonar para volver a vivir

RCC,Radio.- Tenemos que aprender a cerrar ciclos en la vida, y esta época es un buen momento para intentarlo. Es tiempo de sanar las heridas que aún duelen y afectan las relaciones presentes.

Quien no perdona se enferma y tiende a lastimar a quienes le rodean. Cuando hemos sido heridos y dejamos que la amargura nos domine, perdemos la ilusión por la vida, se mina la salud, tanto física como emocional y, sin darnos cuenta, herimos a quienes tenemos cerca. Es tiempo de perdonar para tender puentes que nos lleven a la reconciliación.

El primer paso para vivir el proceso del perdón, es reconocer que estoy herido y que necesito recobrar la capacidad de confiar en los demás. Inicie el proceso del perdón, expresando lo que siente. Identifíquese con su dolor, no para volver a vivirlo, sino para dejarlo ir, para soltarlo y experimentar la libertad que otorga el perdón.

A algunas personas les ayuda escribir lo que sienten, es como una forma de expresar lo que vivieron. En un lugar tranquilo y privado, donde experimente libertad, exprese lo que le duele, hable con la persona que le lastimó como si estuviera ahí, perdone y pida perdón, llore, y decida que al exponer el dolor lo dejará ir para siempre.

Es importante que luego de estos momentos íntimos, tome tiempo para encontrarse con Dios y dispóngase a alabarlo hasta que una paz profunda inunde todo su ser. Son formas prácticas que nos permiten dejar ir lo que duele, encontrar la paz y recibir el perdón de Dios. Nada es más liberador que sentirse perdonado por Dios y perdonar a quienes nos han ofendido.

“Tú guardas en completa paz a quien siempre piensa
en ti y pone en ti su confianza.”

(Isaías 26:3, RVC)

Es en lo íntimo de nuestra relación con Dios que nuestro corazón encuentra reposo y paz,
porque somos consolados.

Tal y como lo expresa el salmista:

“El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias.”

Salmos 28:7, NVI

“El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes.» (Deuteronomio 31: 8, NVI).

No importa lo grave que ocurrió, siempre seremos amados por Dios y Él viene a rescatarnos como a hijos amados. No estamos solos en esta lucha, Dios nos
lleva cerca de su pecho como a ovejas recién nacidas para consolarnos, amarnos y darnos paz.

La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su
corazón se turbe y tenga miedo.”

(Juan 14:27, RVC)

Fuente: Enfoque a la Familia

Adaptado del Libro “El Lenguaje del Perdón” Sixto Porras

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